Trapitos al sol 

Artista: Santiago Krause
Curaduría: Andrés Gorzycki

Fecha: Abril de 2026
Lugar: Posadas, Misiones, Argentina.

Técnica: Hay equipo – Rental de cine
Fotografía: Camil
Música: Nico Sosa
Cocina: Agustina Navarro
Transporte: Claudia Karabyn
Asistencia: Nuni Ferreira

Texto de sala:

Hay algo que se mueve en la capuera. Las telas de Santiago Krause, dibujadas con fibras de color y tendidas con hilo entre tacuaras en esos terrenos que en este territorio fronterizo se llaman capuera, habitan ese espacio y toman partido. El montaje evoca lo doméstico, la ropa tendida, el trapo al sol, pero la tela porta un dibujo que la instala en otro registro. Como en la obra de Feliciano Centurión, la tela se vuelve piel, membrana, algo que abriga, portando el afecto necesario para existir sin pedir permiso.

A través de sus dibujos, Krause anhela al monte y su cosmología. Flores que desbordan el formato, tacurúes que crecen hasta volverse montaña, árboles que se disuelven en color. La capuera les sirve a ellos como nido temporal. Según explica la investigadora Yanina Azucena, kapuéra en guaraní nombra el terreno que se prepara para la siembra, la chacra, la plantación, mientras que en castellano la misma palabra carga la connotación de lo devastado, lo talado. En esa misma cosmología, Kaa Pora es el habitante o fantasma del monte y la Caipora la entidad que protege a los animales que lo habitan. Entre esas acepciones se abre una frontera epistemológica, una herencia europea que nombra desde la pérdida y una mirada guaraní que nombra desde la posibilidad. 

El lápiz de color sobre tela acumula capas hasta cubrir toda la trama del tejido. La insistencia de cada trazo queda visible y cada duda registrada. Es una técnica de tiempo lento, de atención sostenida sobre la imágen, volviéndose ritual y expuesta después a la intemperie donde el viento la mueve y la lluvia la amenaza. Esa fragilidad es constitutiva de esta exhibición, donde se insiste en hacer evidente el vínculo de la obra con el paisaje que la cobija.  

Desde esa tensión, las piezas articulan una política de la mutación y el disfrute. La precariedad del hilo y la tacuara son una declaración, la obra existe a la intemperie, recibe el viento, se mueve. La vulnerabilidad se vuelve puerta hacia otras conciencias y perspectivas no necesariamente humanas. Trapitos al sol vive a la kapuéra como sitio fértil donde se rehace la tierra y el dibujo deja de representar para fundirse y ser uno con el paisaje.

 

Fotos de sala: